En una discusión habitual, una joven increpa a su madre diciéndole que jamás cometerá los errores que ella cometió. Expone los ejemplos que hacen a su madre sentir culpable. No tomará sus mismas decisiones; por tanto, evitará caer en las mismas faltas. Está convencida. Su única ambición es ser lo mejor que pueda en la universidad para evitar el fracaso y la caída.
Tras graduarse, la visión de su futuro se distorsiona como fruto de una guerra que está azotando Europa. Sus padres se están separando, su madre tiene que cerrar su negocio y ella teme quedar a la intemperie. Lo que debe hacer es lo opuesto a lo que se juró a sí misma. Jamás tomaría las mismas decisiones que tomó su madre: viajando al otro lado del mundo para buscar un trabajo, sacrificando un amor por el suyo propio y dejando que el desconocimiento la manipule.
Como nadie tiene las riendas del destino, la vida puso a la joven ante las mismas circunstancias que vivió su madre y sorprendentemente tomaron las mismas decisiones. Encadenando una tras otra, convirtiéndose en un reflejo de su madre a su pesar. La joven, al cabo de unos años, se convirtió en madre y tuvo la misma discusión con su hija, pero esta vez, consciente de que lo que hizo culpable a su madre también la hace culpable a ella.
Sus palabras todavía resuenan en su interior. Todavía hay rastro de sus diferencias porque, por mucha fuerza que pusiese en contra de su voluntad, nunca se podría desprender de la madre que habitaba en ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario