10/11/25

Turista en mi ciudad [Lucía de Brito]

            Dicen que nacemos con un propósito, unos para salvar vidas y otros para vivirlas. Luego, estoy yo. Creo que mi propósito es el de ver cómo las viven los demás y documentarlo. Encontrar mi sitio siempre ha sido un problema. No soy como los demás ni creo tener la capacidad de entenderlos. Siempre he sido turista en mi propia ciudad. La soledad llena los huecos de mi alma, me acompaña como mi fiel escudera y, con ella, me completo. Dejo que me hable por dentro y soy feliz. No hay momento más bonito que sentir cómo las piezas que me componen encajan a la perfección. Este reencuentro eriza mi piel, como cuando sopla el viento, pero me asusto y pienso que soy demasiado sensible para este mundo. Intento adaptarme, vestirme a la moda y bailar sus ritmos, pero nada funciona. Lloro desconsoladamente por mi debilidad: un mundo que no me entiende. Voy a morir y no es morir lo que me asusta: es no haber rozado la vida conscientemente. 

Me acerco y siento el peso de la normalidad, pero ¿quién quiere vivir preso? A pesar de todo sigo y me convenzo de que no es duro: es nuevo y tengo que darme una oportunidad. Dejo que el mundo me absorba lentamente, pero algo me devuelve de nuevo a la casilla de salida. Volver no es tan malo. Nunca me he privado de volver a empezar. Se abren más caminos y, de repente, tengo esperanza. ¿Alguno será el mío? Siempre me dijeron que no debía huir de nada, pero huir no es tan malo y tampoco me hace menos valiente. No estoy satisfecha con el pasado que tengo, pero recordarlo lo mantiene vivo y desde que he encontrado mi mundo no paro de recurrir a él para todo. Mi pasado es lo que soy ahora y es crear a partir del él lo que cura mis heridas, además de llenar de diversidad mi vida. Fui creada para crear y aquí está mi utopía: un lugar donde requiere menos esfuerzo ser que interpretar, donde la música habla cuando las palabras no pueden, donde el talento se nutre del trabajo y viceversa, donde los árboles son la fuente de energía y solo los árboles que tienen la raíz sana son los que se mantienen en pie, donde puedo sentir el amor más puro sin saber nunca su final. ¡Ojalá pudiera vivir aquí para siempre! ¡Qué bonito seríaª Este mundo se refleja en el que vivimos todos y no puedo vivir en los dos al mismo tiempo: hay un espejismo.

La vida no es como me gustaría, sino como es.

Me rindo ante ella; no tengo excusas. Vuelvo a ser una turista en la ciudad, pero lo que podría haber sido se convierte en poesía. Duele lo que me importa y pertenecer me importa, ya no tanto, porque siempre voy con un paraguas por si empieza a llover. 

Sin embargo, tengo que reconocer que llegar hasta aquí no ha sido fácil. Me daba miedo equivocarme y me equivoqué, así que, un miedo menos. Yo no tenía que quedarme tras un cristal mirando cómo se reía la gente y escribiéndolo, sino que tenía que reírme para poder escribirlo en un papel. Sé que algo me salvó, porque no había nada cuando llamaba «casa» a cuatro paredes vacías y fue porque todo lo demás estaba en mi cabeza. Pasé de mirar a vivirla, salí a bailar bajo la lluvia y me empapé, pero llegué a casa, me senté en frente del ordenador e hice de mi baile fantasía. Convertí un suceso ordinario en algo extraordinario y eso es lo que quiero hacer todos los días.

 

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