14/11/25

Voz a gritos, pero en silencio [Mercedes M. Garavilla]

Te espero, te sigo esperando.

Sigo aquí.

Un día dejé de verte, pero tú no te fuiste, no del todo. Miro mi galería y ahí estás; cierro los ojos y tu nombre viene a mi mente; intento recordar un tiempo donde todo fuera bien, donde fuera feliz, donde la luz aún no se hubiera ocultado, y te vuelvo a encontrar.

Una rabia arde en silencio. No grita, aún no, y no sé si algún día lo hará, pero quema. Sigue buscando una salida que no aparece. Y mientras intento contenerla, me consume un poco más.

Y entonces estás ahí y yo te miro, aunque ya no sé lo que veo.

—Lo siento; te echo de menos —intento decir.

No salen esas palabras de mi boca.

—Sé que lo hice mal —digo en su lugar.

No respondes.

—Tampoco tengo nada nuevo que decir—. Estamos frente a frente pero no pareces centrar la vista en mí—. Si me pides que pare, lo haré.

Se supone que cerramos etapas, que las vidas cambian. Supongo que así es, que todo ha cambiado. Sin embargo, hay una cuerda que me tiene atrapada de manos y piernas, y que tira de vez en cuando, imprevisible y determinada a hacerme volver la vista atrás. Nunca se me ha dado bien olvidar, ¿para qué mentir?

—Estoy cansada, muy cansada—. El nudo del estómago crece, la angustia aumenta y quiero llorar, las lágrimas están al borde del abismo—. Me equivoqué.

Eso lo sé bien. A estas alturas cada quién sabe lo que hizo, no es cuestión de sacar ningún tema que fuera enterrado (puede que más por un lado que por el otro) y no deba ser sacado.

—Me equivoqué, porque eso significó no volver a saber nada de ti.

Tú silencio me revienta. Dicen que en él se escucha todo, que sirve como la respuesta más poderosa. Bien, no me es suficiente.

—Supongo que habrás cambiado; yo lo he hecho.

«No me quedó otra», pienso.

—Cuando no contestas siento que me estoy volviendo a arrastrar—. Estoy molesta—. No lo hiciste bien.

La llama va arrasando en mi interior.

—Hablar y aclarar los hechos para que la otra persona no sobrepiense es también un acto de responsabilidad emocional, un acto que no tuviste en consideración.

Empieza a llover y me cuesta verte.

—Es fácil, ¿verdad? —digo con la voz entrecortada—. Huir y seguir como si no pasara nada, como si esto no tuviera importancia. Desde luego no la tuvo para ti. Destrozasteis todo a vuestro paso y ahora son la gentes la que deben volver a reconstruirlo todo.

Freno. Puede que me equivoque de nuevo. Tu voz, que ya no escucho, no se pronuncia, no me da pie a pensar lo contrario.

—¡Para ya!, por favor—. No sé a quién me dirijo en estos momentos; siento perder el control.

La lluvia es ahora tormenta.

Tu figura es cada vez menos perceptible.

Pienso en una palabra perfecta para este momento, para quien no se hace responsable de sus actos, pero no la digo en voz alta. Porque sé que no fue un error en una sola dirección y tampoco es responsabilidad tuya que yo no sepa gestionar mis emociones.

—¡Pensé que de verdad importaba! ¡Pensé que todo había significado más! Quise odiarte, de verdad lo intenté, a veces lo hago. Es más fácil así. Pero no es suficiente.

A veces el cariño se queda más en la memoria de unos que de otros. Los recuerdos, las vivencias… y el eclipse. Cuando la luz quedó oculta, probablemente para siempre.

Tú ya no estás. Nunca estuviste ahí. Sigo hablando en mi mente, voz a gritos, pero en silencio. Imagino otro desenlace que al final es eso, una imaginación, una mera fantasía en donde la vida es diferente.

—Lo siento.

Estoy confusa; puede que ya eternamente lo esté. 

1 comentario:

  1. Ana María Del Valle Morilla14 de noviembre de 2025 a las 10:40

    gracias . cuando la tormenta estalla por dentro , a veces llueven palabras bellísimas que nos enseñan a bailar bajo la lluvia .

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