25/10/25

Despierto del sueño [Mateo Navarrete Cabal]

 Fue real o, por lo menos, eso creo yo. Decir que fue un sueño es poco; estas cosas, soñarlas, es imposible para mí. Mis últimos sueños fueron de un amor distante con una mujer y de que de un día a otro me sucediera esto… pues me cuesta creer que se tratara de un sueño.

No recuerdo los acontecimientos previos, pero sé que, después de ciertos momentos, me fui a acostar en la cama, alrededor de las tres de la tarde. Al dormirme, es cuando todo comenzó. Soñé que estaba en mi cuarto y me encontraba en la misma posición en la que me había quedado: con mis ojos mirando al techo blanco, arropado con mis sábanas grises, solo que la luz ahora era de la noche. Todo era igual, pero había un ambiente diferente. Advertí que estaba en un sueño, porque a la derecha de mi cama fui capaz de reconocer adversidades y cosas que no estaban ahí en la realidad: fueron unas fotografías enmarcadas que nunca había visto. Se trataba de memorias mías de pequeño, tan verdaderas e íntimas, que justamente en el momento en que pongo mis ojos frente a ellas, se empezaron a caer lentamente, dándome esa señal de lo irreal. A lo cual me desperté (aunque tengo que admitir que me tomó bastante tiempo). Yo sabía que lo que pasó era un sueño, pero tenía miedo. Un miedo de que si me llegara a volver a dormir y sucediera lo mismo, pues ya no iba a ser capaz de diferenciar. Por lo que me fijé en el lugar, la posición, el cuarto, pero esta vez también en el ambiente. Al cerrar los ojos, me volví a dormir. El sueño fue justamente lo que pensé: yo tirado en mi cama, mirando hacia el techo; todo era lo mismo. En el sueño me levanté de la cama, empecé a caminar y me dirigí hacia el baño de mi cuarto. En el baño veo cosas tan reales que hasta mi memoria las había olvidado y solo el sueño las pudo hacer existir de nuevo. Vi dos botellas de alcohol en mi armario, una azul y la otra blanca. Pero los estantes, en los que se encuentran las botellas, estaban casi vacíos; no había esos libros y objetos que abundaban en la realidad. Por lo que me pregunté: ¿no serán estos sueños que he tenido una creación de Dios? ¿Algún intento de darme memorias ya olvidadas que no significaban nada o que para mí en ese momento carecían de algún tipo de valor? De repente, aparece una combinación entre un hombre y una mujer; llevaba un vestido gris y oscuro, tenía una larga barba rubia y su pelo también; desde que vi esa figura, lo entendí: era otro sueño. La imagen de Dios —o lo que se me haya presentado— se terminó desvaneciendo; pedí a este mismo levantarme. Abrí los ojos. Estaba en la cama y claramente por la posición que había dejado era la realidad. Esta vez no me podía confundir. La misma posición, el mismo cuarto y el mismo ambiente. Me levanté de la cama para revisar ese baño y qué era lo que ahora se encontraba, pero mientras me levanto, mientras caminaba hacia esa puerta, sentí una fuerza que me lo impedía… algo que me arrastraba, que me sostenía y me ataba de los pies sin dejarme moverme y poder ver atrás de mí. Empiezo a entrar en pánico y me digo que tiene que ser un sueño, pero soy incapaz de entender cómo: me había levantado en la misma posición, me encontraba en el mismo cuarto y también era exactamente el mismo ambiente. Pensé, de nuevo, que era Dios. Pero por mi vaga creencia dudaba aún, por lo que pienso que me mantuvo ahí.

Me levanté. El ruido de mi perro caminando por el cuarto me liberó. Me levanté cansado, mareado, confundido; pensé que iba a morir de esa manera y con esos sentimientos. Era como si hubiera estado una eternidad ahí atrapado. Todo, desde el inicio, fue un sueño, pero ese tipo de castigo… es lo que me hace creer que ninguno lo fue. ¿Acaso el sueño es mi nueva realidad y vivo una condena al ser liberado? ¿Fue ese sentimiento al despertarme con el que me voy a morir? Tanto miedo fue el que tuve que salí del cuarto a estar con mi familia, como debió ser desde el principio.

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