27/10/25

La puta [Jesús Bravo López]

La sentaron a mi lado el primer día de clase. Era morena y parecía gitana o mora, agradable y simpática. Nos reímos, charlando, durante las clases. Me dijeron que tenía una relación con un tipo de ojos azules que vendría a hablar conmigo. No le gustaba que otros hombres hablasen con su novia. Cuando vino, intente mostrarme tranquilo. Pero seguramente parecí bastante nervioso.

—Ya sé a qué has venido —le dije.

—Entonces ¿qué haces que sigues hablando con ella?—. Su mirada era hielo; iba sin afeitar.

—Es un poco difícil: se sienta conmigo. No quiero ser desagradable.

Ojos azules sonrió.

—Redúcelo a lo necesario.

—Lo intentare.

—Bien.

Se fue.

La chica no me importaba demasiado. Era simpática y agradable, pero no era más que una amiga. Era Ojos azules. Desde que le vi le odié y desde que abrió la boca lo quise muerto. Encerrado en mi habitación, mi mente huía evocando imágenes de prados solitarios y carreteras infinitas. Tuve ganas de llorar todo el rato. Mi mente se dividió, cada una de mis partes encarnó una emoción y todas juntas debatían.

—Deja de hablar con ella y punto.

—¿Y ser la putita de ese tipo? ¿Dejar que mañana decida que no puedo hacer otra cosa y obedecer? Mañana lo dejará con la morena y empezará con la rubia y no podré hablar ni con la morena, ni con la rubia.

—Pártele la cara en dos; ya sabes: de un golpe.

—Eso puedo intentarlo; creo que tengo un buen bíceps.

—Para pegar puñetazos es más importante el tríceps.

—También tengo uno bueno de esos.

Me peleé con Ojos azules por decirme lo que podía y no podía hacer, por meterme miedo, por hacerme creer que era un cobarde. Le solté el primer puñetazo sin avisar, iluminando con violencia su cara como la detonación de un flash de magnesio al hacer una fotografía. Me miró con miedo, con sorpresa, con ira, ¡qué buen instante! Yo era el loco y nos pegamos. Yo pegaba mejor y él me ganó. A final, vinieron unos tipos que me levantaron y me llevaron a otro sitio. Pensé que me darían una paliza entre todos y que moriría aquel día, pero no: Ojos azules apareció y me pregunto ¿por qué?

—Tú a mí no me dices con quién puedo hablar y con quién no. ¡Mierda! ¡Que eres una mierda! La chica me importa tres carajos; lo que me jode es que vengas tú a intimidarme. ¡¡A comer pollas te puedes ir!! Tú me matas ahora mismo, pero ahora todo el mundo sabe que aquí la puta eres tú.

No hay comentarios:

Publicar un comentario