Una flor capaz de resistir al invierno
es un milagro,
es digna de fotografías y halagos.
No hay amor superior
al que se encuentra después del dolor,
pues no hay sentido más puro
que dos miradas que se cruzan
y nunca bifurcan su camino.
Solo pediría un desvío al destino
si supiese con certeza que, al saltar al vacío,
tus brazos impedirían que mi amor
rozase el olvido,
aunque hubiese destrozado tu mundo,
el mundo, a mi paso.
Fui la fuerza de un tornado
que nos arrastró hacia dentro,
pero nos hemos encontrado;
he unido uno a uno nuestros hilos,
nos he cosido en un abrazo.
He vivido al borde del abismo,
gritando en silencio;
dejé que me robasen el sueño
y me arrebatasen el talento,
pero nadie sabía usarlo.
Solo yo puedo pintar un cuadro
con las manos;
son mis manos y es mi cuadro.
En una habitación de fondo oscuro
me desangré queriendo,
manché el suelo y se escribieron cuadernos.
El amor dejó de vestirme de negro y
fue un milagro de invierno,
porque sigo floreciendo.
Me ha encantado, Lucía, sobre todo los versos de las dos últimas estrofas.
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