No recuerdo abrir los ojos, pero te veo dormido. Tu frente contra mi clavícula, porque no me encanta que te acerques a mi pecho, pero no me miras. Me invaden el rostro las fibras de corteza que hacen tu pelo, que crujen por la vejez, que tiñen el aire que respiro. Y cuando las aparto, parecen querer ahogarme de nuevo. Se me acaba el aire, que huele a uso, pero no vas a girarte. Los huesos que empujan con pesar mi piel parecen gritarme que me gire, pero mi cuerpo no se mueve. Estoy soñando.
Estoy despierto, pero mis ojos no quieren ver más. Me giro con la lentitud del que arrastra grilletes consigo y mi cabeza me daña con la vigilia que tira de ella para despertarla. Y el sueño la mantiene presa. Sé que estoy despierto, pero no puedo dejar de dormir.
No recuerdo abrir los ojos, pero te veo a ti. Y tú me miras a mí para besarme. No serias capaz de hablar conmigo mirándome. Me besas arrastrando de mis entrañas todas las ganas que tenía de estar contigo. Supongo que tenías hambre. Quiero apartarme, pero mi cuerpo no se mueve. Estoy soñando.
Estoy despierto y mi cuerpo se gira, incómodo con la situación, pero mis párpados mantienen los secretos de los sueños. Siento que no pertenezco a la dimensión a la que quiero cruzar y la que vengo vuelve a arrastrarme hacia dentro.
No recuerdo haberme despertado, pero me das la espalda. Absorta en tu pantalla, hablas conmigo de todo ese brillo que no me pertenece. Miro la mano que flota en el aire; está llena de sangre: no parece importarte. La habitación está sostenida por el crujir de los años, dos años, dos mil años. Te chupas la mano con asco. ¿Sabes que puedes ir a limpiarte? Me pesa tu cuerpo en el mío como la falta de libertad, pero eso no lo siento, eso solo lo sé. Estoy soñando.
No despierto, pero tu mano está entre mis piernas y das puñaladas que salpican de sangre. La piel baja tanto que se abre y del rosa pasa al rojo del dolor. Nunca pensé que cedería. No puedo salir de la cama. Estoy soñando.
Estoy despierto y mil agujas van a clavarse en cada nacimiento de cada uno de mis cabellos, pero mis ojos se abren. Me llevo una mano a la cabeza y me siento en mi cama, tragándome la oscuridad de la noche que por fin veo. Abro los ojos y bien lo recuerdo, y tú no estás. Estoy despierto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario