18/10/25

La búsqueda de lo intangible [Mercedes M. Garavilla]

        Camino despacio hacia el aula, nueva aula, nuevos profesores y nuevos compañeros; nueva etapa, supongo. Alguien abre la puerta, una puerta de madera que, como todas, se abre y se cierra, pero que en sí misma encierra mucho más al otro lado. Y yo atravieso el pasillo, mirando a todas partes y a ninguna en particular. Se abren cientos de posibilidades, de nuevas experiencias, nuevos vínculos y nuevas anécdotas, todo nuevo también.

        Y entre tanta novedad me cuestiono cuán nueva seré yo, siempre he considerado que estamos hechos a base de recuerdos y vivencias, por lo que no creo que un nuevo ambiente haya modificado mi ser. Entro en la clase, el profesor aún no ha llegado. A continuación tomo asiento dubitativamente.

        Todo es nuevo, pero ya nada es suficiente y, de alguna forma, yo tampoco lo soy y esa búsqueda silenciosa ha ido perdiendo el sentido con los años. Paso la vida esperando a que llegue un algo, «Dale tiempo», me decían en 2021. «Dale tiempo», me repito hoy en el año 2025 y sigo esperando a ese algo que todavía no tiene ni forma ni sensación.

        Podría afirmar que, en cierto modo, esa fuerza intangible que mantenía unidos y movía los engranajes de mi ser ya no aporta nada más.

        El profesor asoma la cabeza a través del marco de la puerta, enérgicamente avanza un par de pasos hasta su pupitre y desliza su cartera por la mesa.

        De manera dinámica empieza la clase. Nos tenemos que presentar. Acurruco mis manos sobre mi regazo mientras mi pie repiquetea contra el suelo.

        Nombres, apellidos, edad, afición preferida son los temas dominantes en los siguientes minutos de conversación. Pienso, pienso muy rápido, no puedo permitir que mis pensamientos me dominen, pero tampoco quiero dejarme llevar por la impulsividad.

        Necesito que sepan quién soy, pero no que me vean. Porque ni yo misma sabría decir qué es exactamente lo que veo, lo que soy, lo que fui o lo que seré. De momento, un ente insuficiente que no sabe cómo avanzar.

        Puedo presentarme, puedo hablar de mundos de ficción, de secuencias de película y dragones que sobrevuelan los alrededores; sin embargo, no encontrarás ahí más que un ápice de una lanza, que cada día golpea desde dentro y que aguarda a ser sacada.

        «Pero esta es mi oportunidad», resuena en mi mente. Es el momento de poder construir algo, un algo que puede ganar mucho más de lo que se arriesga a perder.

        Uno de mis compañeros habla; pronto me tocará a mí, pero sigo sin saber qué decir, no puedo hablar de un tema que desconozco.

        De un segundo a otro ya no estoy en la clase, me limitó a avanzar a trompicones entre agobios del pasado que no salen de mí. Los fantasmas de la memoria me acechan a menudo y, no, no tengo ninguna clase de control sobre ellos. Una risa lejana, una confianza rota, una persona perdida.

Respiro.

        «Siguiente, siguiente», insiste una voz que me pone de puntillas asomándome a la realidad.

Me muerdo el labio. Ahora empieza un nuevo capítulo, mañana ya veremos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario