José volvió del colegio con cierta bruma en su mente. No se encuentra feliz con los contenidos que debe asimilar en su coco. No solo no los considera entretenidos, sino que los tiene como insoportables. “¿Por qué tengo que invertir mi tiempo en estupideces que no me serán útiles en el futuro?”. Irene llegó de su trabajo. Lo primero que hizo José tras conocer su regreso fue ver si, en su momento, opinó lo mismo que él.
—Irene, ¿tú creías que los conocimientos que adquiriste en el colegio fueron inútiles?
—En ese momento, puede. ¿Por qué?
—Es que siento que no puedo seguir acumulando estudios sin sentido en mi mente de modo que estos queden en un profundo olvido del que “no huir” sea su único destino.
—¿Y cómo es eso?
—No sé; por eso te pregunto.
—Bueno, no puedes recibir mi consejo inflexiblemente, puesto que no soy ningún referente, pero sí es cierto que considero que tienes que proseguir con los deberes que te impone el colegio. Según lo que viví, estos no me descubrieron senderos hacia empleos útiles con los que convertir mis conflictos en otros que resolver con sencillez, pero sí que extendieron los límites de mi mente. Desobstruyeron mi intelecto con el objetivo de que este alcanzade un nivel superior. Que no notes su fruto no quiere decir que este no se dé. Por lo menos, eso creo yo.
José se quedó sin entender lo que le dijo.
“Pues tendré que obedecer” se dijo, escribiendo en su bloc.
No hay comentarios:
Publicar un comentario