Hace mucho tiempo en la antigua y lluviosa Galicia
había a solas en una gran casa una pequeña niña.
Ella juega imaginando amigos en la sala principal.
Una sala con suelo de tierra y una chimenea central.
Salta y juega alrededor del fuego, de la lareira,
que es, para el que no lo sepa,
una enorme y pulida piedra
donde se hace el fuego y cocinan las abuelas.
La casa se construyó a su alrededor
y antes de que hubiera fuego ya desprendía calor.
La piedra tiene un pasado antiguo, arcaico,
seguramente celta, fenicio, etrusco y romano.
La piedra es el centro, el ombligo, el todo.
De ella y del fuego se alejan hasta los lobos.
La niña sentada se mece a su lado,
jugando con un amigo invisible que está callado.
Juega alegre y tierna con su muñeca;
la mima, la peina, la abraza y la sienta.
Sola al lado del fuego que brilla en la piedra.
juega sola mientras el invisible la observa.
Él, que es espíritu de piedra antigua,
la cuida igual que ella cuida a su muñeca.
La niña sentada en el suelo de tierra
está acompañada, aunque no lo veas.
Hay un espíritu que de ella no se aleja,
que la acompaña a todas partes lejos de la lareira
y que cuando va al bosque acompañando a su abuela,
las espinas no se le clavan, los insectos no se le acercan.
Nada puede dañar a la niña, aun cuando su abuela se aleja,
dejándola a solas en el camino y esperando a que vuelva.
Una noche la abuela tenía que ir a la vecina aldea.
No había nadie que la cuidase y se ofreció otra nieta
La muchacha la llevó al pueblo, a la fuente, al rezo
y, al caer la noche, fueron a ver a un muchacho del pueblo.
Fue con la niña hasta la casa en el bosque alejada
y, tras una leve merienda, la niña quiso irse a la cama.
La muchacha no quería y el galán se molestaba.
Entonces el muchacho se descalzó para sentir la hierba mojada.
La niña le dijo al hombre que le olían los pies, que se los tapara,
y ante la risa de la muchacha
el hombre le dijo a la niña: —Volverás sola a tu casa.
La niña volvió sola, caminando por el bosque,
apretando su muñeca contra el pecho en plena noche.
Protegerla quería y protegida estaba,
pues había un genio, un lare, surgido del fuego que en la lareria crepitaba.
El hombre, el galán, el apestoso patán
murió al día siguiente al su tractor arrancar.
Y es que hay una niña que se balancea en su mecedora
y aunque está sola la niña, se ríe y nunca llora;
nada puede dañarla, nada puede tocarla
y el que lo intente debería recordar
la historias que cuentan las ancianas del lugar.
La casa fue construida en torno a una enorme piedra
y sobre ella siempre hay fuego aunque nadie lo prenda.
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