El abismo. Me precipito a él. Hago equilibrios. En el borde. ¿A qué lado ir? ¿Dentro o fuera? ¿El fácil? ¿El difícil? ¿Cuál es cuál?
La pistola. El psicólogo. El cuchillo. ¡Que alguien me escuche! Las pastillas. ¿Prescripción o sobredosis? No sé qué elegir.
Recuerdo los insultos. Las risas.
—Solo son niños —decían—. Están jugando.
Querer desaparecer, gritar. Pegar puñetazos a la pared. O en mis rodillas. Los moratones. Ya no sé llorar. Soy una cáscara. Vacía. Un envase. Tirado. Un proyectil. Que explota. Que destruye a su paso. ¿Estas son las consecuencias?
—Es normal —dice alguien.
—Son juegos —repiten.
Pues no quiero jugar. A nada. Nunca más.
Pistola. Cuchillo. Pastillas.
Ya he decidido. Sobredosis.
¡Qué bueno, Lucía! Vertiginoso, intenso.
ResponderEliminar¡Muchas gracias, Consuelo!
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